Asamblea Eva y Bea y mi otro yo
Era un sábado de otoño en el barrio de San Telmo, el aire cargaba esa mezcla de algarabía con sonido a milonga y vino patero. Yo tenía una cita. Bueno, no una cita. La cita. Tercer encuentro con Eva. Rubia, rulos de propaganda de shampoo, sonrisa de influencer vegana... Linda, sí. Pero yo... ...yo venía de la crucifixión. Bea. La morocha. Rulos oscuros. Carita de ángel revolucionario. Feminista, activista, intensa. Hermosa. Pero emocionalmente más inestable que dólar blue después de un anuncio del ministro. La cosa es que Bea me fantasmeó . Así, de la nada! Un día estábamos transpirando la revolución en la cama y al otro... ley del hielo. Ni un sticker me dejó. Y yo... obsesionada. Buscando señales donde no había. Y claro, cuando alguien está así de inestable, puede desaparecer más rápido que la conexión de WiFi de estación Constitución. Así que... ¿qué hice? Lo lógico: le mandé un mensaje a Eva. Porque si vas a sufrir, al menos que sea peinada y con maqui...
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